En el municipio de A Guarda encontramos el mayor poblado celta que se conserva en la provincia de Pontevedra. Si visitamos las Rías Baixas esta excursión no puede faltar en nuestro planning, pues ningún arqueólogo se explica cómo el castro de Santa Tegra sobrevivió a la romanización y se extinguió después.
El poblado está situado en lo alto de una montaña, a 341 metros de altura. Podemos subir en coche, previo pago de 60 céntimos, o bien a pie a través de los numerosos senderos que cruzan la montaña (ideal para practicar deporte).

Los celtas siempre buscaban una posición estratégica. En este caso, el poblado se construyó sobre la zona más elevada porque así podrían vigilar gran extensión de costa y toda la desembocadura del río Miño ante posibles amenazas de conquista. Las pendientes de la ladera sobre la que se construyó también les servían de defensa natural. Otro motivo que dio lugar al asentamiento de Santa Tegra fue la riqueza de A Guarda, ya que aquí disponían de tierras cultivables, pesca en el río o marisqueo en el mar.
En el asentamiento predominan las construcciones circulares, muchas con vestíbulo, pero también algunas con planta oval y cuadrada. Además de los castros, este poblado presenta elementos que demuestran la existencia de una concepción primitiva del urbanismo. Así, encontramos pequeñas plazas y calles estrechas, algunas enlosadas, que separan grupos de construcción. Varias de estas calles también usan escaleras para salvar la pendiente. También aparecen otros elementos como muros de contención de tierras y hasta basureros.
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